Mi nuevo blog está... ¡vivo!

Publicado el 13/05/2010 - 4 comentarios
Pues sí. Después de un par de años, finalmente he terminado el libro que estaba escribiendo, y del que les conté en la entrada anterior. Tomó tanto tiempo no porque sea demasiado extenso ni de calidad exorbitante, sino mitad por inútil, mitad por tener que dedicarme a la facultad.
Pero decidí no publicarlo en este blog, sino en uno nuevo. ¿Por qué? Por puro capricho, nada más.
El nuevo espacio se llama “la debilidad de los dioses”.Está creado específicamente para publicar el libro, y no para continuar con las entradas del estilo de Engran. Por esto, en cuanto a la forma de publicación, tal vez sea un blog poco usual. No postearé artículo por artículo, cada dos por tres, sino que será un sitio estático. Seguramente iré actualizando alguna que otra cosa, pero esa no será la idea principal.
Por otro lado, también podrán encontrar material extra, como artículos de autores respetados (no como yo), videos de YouTube sobre el tema, y otras cosas por el estilo, que iré aumentando cada tanto.
En fin, el blog aún está completamente nuevo y reluciente. Ni un solo comentario. Así que... ¡ahí los espero! La dirección es: www.debdioses.com.ar Leer más...

Aún en el reino de los vivos

Publicado el 12/01/2010 - 2 comentarios
Heme aquí, después de varios meses.
Se me ocurrió pasar unos instantes aunque solo fuera para dejar rastro. Les cuento que en todo este tiempo ausente me pasaron bastantes cosas. Se me apareció la Virgen... Dios me concedió varios milagros... encontré validez científica en el horóscopo... aprendí a comunicarme con espíritus... e incluso conocí a un político honesto.
En fin, ingenuidades aparte, la verdad es que no le veo demasiado futuro a este blog. Decidí tomarme un descanso pasajero por la cuestión del estudio y la facultad... pero el tiempo ya ha pasado, y no parece que la situación vaya a cambiar dentro de poco.
De todas maneras, tal vez en un futuro próximo inicie otro blog. Tal vez sea de un estilo un poco distinto, aunque no hay nada seguro por el momento. Por supuesto, en caso de hacerlo, antes que nada lo anunciaría desde este espacio.

Otra cosa que tengo pendiente es terminar un libro que llevo más de un año escribiendo, y que es del mismo estilo de este blog. De hecho, algunos de sus capítulos han sido usados como artículos que ustedes (si se portaron bien) habrán leído. Cuando lo redondee, también lo anunciaré y enlazaré desde aquí.

Mientras tanto, al que esté interesado lo invito a buscarme en Facebook como "Ras Alhague", o a hacer contacto conmigo a alfaoph@gmail.com.

Muchos saludos!
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Robots y humanos artificiales

Publicado el 09/09/2009 - 13 comentarios

(Imagen realizada por mí. Click para ampliar).


Artista robot. Lo interesante no sería tanto construir robots que pudieran tocar cualquier instrumento o dirigir una orquesta. De hecho, eso ya lo tenemos, aunque todavía sean mejorables (vean este video, este y este); la perfección sólo es cuestión de tiempo. Lo grandioso sería lograr que pudieran componer creativamente.


En todas las películas que he visto donde los robots “superan” a los seres humanos, siempre lo hacen en número, en fuerza, en capacidad de solucionar problemas puntuales, en estrategia fría… Pero nunca nos superan en belleza, creatividad artística, profundidad ética, o teorización científica. En esos aspectos, como mucho aparecen a nuestra par…
En fin, más allá de las películas, en general se dice que una computadora, por muy compleja y avanzada que sea, nunca llegará a igualar a la mente humana. Siempre le faltará “algo”; nunca podrá tener emociones, sentimientos, creencias, opiniones subjetivas, etcétera.
Estoy totalmente en desacuerdo. No creo que los humanos tengamos nada que, teóricamente, las computadoras o robots no puedan también llegar a tener y superar.

Lo primero que esperaría que me respondieran es: “¡Pero cómo! ¡Si nosotros tenemos un alma… y las computadoras jamás podrán tener una!”.
Pero, ¿qué te hace pensar eso? En primer lugar, no hay ninguna razón para pensar que tenemos un alma. Nunca se ha detectado que exista nada parecido mediante ningún método objetivo y demostrable. Me podrías decir: “Bueno, pero una cosa es que no se haya demostrado que exista, y otra cosa es que se haya demostrado que no exista”.
Ahá. Pero si tú me exiges que demuestre que “no existe” el alma en los humanos, yo también te exigiré que demuestres que “no existe” el alma en los animales, las plantas, las piedras, los muebles, las computadoras y los robots.
Por supuesto, no estoy postulando que todas estas cosas tengan un alma. En mi opinión, nada ni nadie tiene alma, ni siquiera nosotros. Simplemente estoy preguntando: si eventualmente los humanos pudiéramos tener un alma, ¿por qué no podrían tenerla también el resto de los seres, incluidas ciertas computadoras futuras?

Sí, ya sé que te gustaría insistir: “Ni la computadora más avanzada que se haya construido hasta ahora puede compararse en lo más mínimo con la complejidad de nuestro cerebro. Las computadoras sólo se limitan a hacer aquello para lo que están programadas. Nosotros, en cambio, no estamos programados, somos creativos, espontáneos, autónomos. Tenemos sentimientos y emociones. Somos los únicos que tenemos voluntad y libre albedrío. Somos sujetos. Las computadoras nunca serán verdaderos sujetos, siempre serán objetos inertes”.
Y a éste punto quería llegar.
En primer lugar, aunque no lo parezca, resulta que nosotros también estamos programados. Nuestros genes nos programan desde el momento de la fertilización. Todo nuestro potencial “creativo, espontáneo y autónomo”, en realidad, está condicionado por las “líneas de código” escritas en nuestros genes. Y al igual que las máquinas, nosotros tampoco podemos hacer algo para lo cual no estemos programados.
En segundo lugar, en cuanto a eso de que somos los únicos seres pensantes y poseedores de sentimientos... es completamente falso. Todos los animales tienen sentimientos, y muchos también construyen herramientas (lo cual implica un proceso de razonamiento y planificación), esto se sabe científicamente (les enlazo este artículo, este otro, y este otro del diario El Mundo).
Lo único que nos distingue del resto de los animales es la complejidad con la que lo hacemos. Pero que nuestro cerebro sea más complejo no significa que esté relleno de alguna sustancia “invisible y extraña” que desafíe las leyes de la física y que no se pueda fabricar. Simplemente significa que nuestro cerebro es más complejo, y sólo eso, nada más.

Como escribía Isaac Asimov en “Cien preguntas básicas sobre la Ciencia”:

“La diferencia entre un cerebro y una computadora puede expresarse en una sola palabra: complejidad. (…) Ahora bien, nuestro programa es de una complejidad tan superior, que quizá prefiramos definir la palabra ‘pensar’ en función de la creatividad que hace falta para escribir una gran comedia o componer una gran sinfonía, concebir una brillante teoría científica o un juicio ético profundo. En ese sentido, las computadoras no pueden pensar, ni tampoco la mayoría de los mortales.
Está claro, sin embargo, que una computadora a la que se la dotase de suficiente complejidad podría ser tan creativa como el hombre. Si se consiguiera que fuese igual de compleja que el cerebro humano, podría ser el equivalente de éste y hacer exactamente lo mismo.
Suponer lo contrario sería suponer que el cerebro humano es algo más que la materia que lo compone. El cerebro está compuesto de células en un cierto orden, y las células están constituidas por átomos y moléculas en una determinada posición. Si hay algo más, jamás se han detectado signos de su presencia”.

En fin… De todas maneras, no creo en la clásica distopía en la que los humanos son desplazados del mundo por sus propias creaciones. Creo que mucho antes de que seamos capaces de fabricar máquinas inteligentes (y superiores a nosotros), estaremos más interesados en usar esa tecnología para modificar nuestra propia naturaleza.
Ya tenemos algunos órganos artificiales. Y es predecible que el día de mañana no sólo mejoremos esos órganos “de repuesto”, sino que incorporemos a nuestra anatomía nuevas partes que amplíen nuestras capacidades naturales. Lo más probable, creo, es que los robots del futuro no seamos otros que nosotros mismos.
Ya hay chips que se insertan quirúrgicamente en el cerebro, y permiten a discapacitados enviar señales a los electrodomésticos de su casa. Una famosa empresa que se dedica a esto es Cyberkinetics.
Este conjunto de ideas, llevado al plano filosófico, se denominan “transhumanismo”.

Por supuesto, a uno le viene a la cabeza la imagen de una futura raza humana llena de mutaciones antinaturales… Y uno, claro, se asusta. Pero en realidad, ya desde el comienzo una heladera y un microondas son antinaturales. Y un celular ni hablar. Y un corazón artificial... Si algún hombre antiguo hubiese visto a una persona “funcionando” con un corazón artificial, seguramente la habría considerado una especie de aberración de la naturaleza, y habría salido corriendo despavorido. Y si ese hombre hubiera sido religioso, además, habría condenado a los médicos como herejes soberbios que se atrevían a imitar los atributos de Dios.
Por eso estos criterios son solamente una cuestión de época. Básicamente es miedo inocente mezclado con un poco de superstición
. Nada más. Lo cual no quiere decir que a mí, pensando en esto, no me de un poco de “cosa” también…
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OVNIs sí, extraterrestres no (Parte II)

Publicado el 29/08/2009 - 12 comentarios
En la primera parte del artículo, publicada en la anterior entrada, mencionaba que hay muchísimos factores por los cuales es casi imposible que dos civilizaciones de planetas distintos, si existieran, se pusieran en contacto.
Pero la cuestión es que, más allá de todos estos factores y dificultades, el mundo está lleno de avistamientos de OVNIs, como todo el mundo sabe. Fotos, videos, testigos, relatos, etcétera. En Internet se puede encontrar de todo. YouTube está lleno.

Pero, a ver; una cosa es que un objeto volador no esté identificado, y otra cosa muy distinta es que un objeto volador esté identificado y se haya verificado que sea una nave extraterrestre. Prácticamente todo el mundo confunde las dos cosas y piensa que son lo mismo.
Por poner algunos ejemplos, el mundo también está lleno de OFNIs (Objeto Flotante No Identificado) en las playas y los mares; y también de OTNIs (Objeto Tirado No Identificado) en los basureros y en las calles. Pero a nadie se le ocurre pensar que, por el sólo hecho de no estar identificados, o tener apariencia extraña, o moverse de manera llamativa, estos objetos deben proceder de otros planetas, o de otras dimensiones, o algo parecido. ¿Por qué, entonces, en el caso de objetos voladores la lógica aplicada debería ser distinta?
Esto es análogo al argumento del “dios tapa-agujeros” que había mencionado en otra entrada (Dioses en los agujeros de la ciencia). En ese artículo comentaba que la gente atribuye muchos fenómenos a un dios por el sólo hecho de que la ciencia aún no los puede explicar. Su argumento es: “No puedo encontrar una explicación satisfactoria de determinado fenómeno. Pero como no puedo soportar el misterio y el suspenso, entonces, aunque no lo pueda demostrar, atribuyo ese fenómeno a algún ser poderoso e invisible que lo hizo porque quería. Y ya está, ya con esto tengo una explicación”. En el caso de los OVNIs, en vez de rellenar un misterio con un dios, se lo rellena con extraterrestres. Y el argumento pasa a ser: “No puedo encontrar una explicación satisfactoria de determinada cosa que estaba bailando en el cielo. Pero como no puedo soportar el misterio y el suspenso, entonces, aunque no lo pueda demostrar, atribuyo ese fenómeno a algún ser misterioso que vino de otro planeta y que lo hizo porque quería. Y ya está, ya con esto tengo una explicación”.

Y no es que, en teoría, jamás se podrían demostrar las visitas de extraterrestres (si realmente fueran ciertas). Tal vez en la antigüedad sí habría resultado indemostrable, pero hoy en día, con toda la tecnología moderna, contamos con cientos de maneras.
Por ejemplo, encontrar un trozo de nave, o cualquier tipo de chatarra o pedazo de cosa hecha por ellos, y mandarla a analizar a un laboratorio. Inmediatamente nos daríamos cuenta de que su fabricación fue hecha con métodos inaccesibles para nuestra tecnología, o materiales imposibles de lograr, algo por el estilo. Y listo, así de simple.
O por ejemplo también, tenemos centenares de telescopios, satélites y artefactos científicos para todos los gustos. Incluso cualquier persona mediocre puede descargar el Google Earth en su computadora y ver fotos satelitales del planeta con resolución extraordinaria.

Y tampoco es que los científicos no estén interesados en el tema, o ni siquiera consideren esa posibilidad. El SETI, por ejemplo, es un enorme proyecto de búsqueda de inteligencia extraterrestre enteramente científico, que ya lleva muchos años, y todavía no ha logrado nada.
Es decir, si la comunidad científica ha sido capaz de descubrir cosas prácticamente inaccesibles a la imaginación (como deformaciones del espacio y el tiempo), y ha podido desarrollar perfectamente tecnología para ver galaxias a millones de años luz, enviar sondas robóticas a otros planetas, ver desde el espacio el techo de nuestra propia casa, medir posiciones y velocidades con GPS a precisión del milímetro, etcétera... ¿No sería demasiado improbable que las visitas extraterrestres no se detectaran con métodos científicos de manera continua y masiva, si realmente existieran?
¿Cómo puede ser que, con todo este enorme potencial de investigación del siglo XXI, todas las pruebas de estas visitas se reduzcan siempre a relatos de testigos anecdóticos, y la comunidad científica (más que interesada y capacitada) nunca encuentre una mínima prueba como la gente, ni siquiera por azar?

Y aún más “impasable” es la idea de que ellos, además de visitarnos, tienen la voluntad de comunicarse con nosotros y darse a conocer, revelándonos religiones nuevas (como el movimiento del Libro de Urantia, el Raeliano, o la Cienciología) , o dándonos señales como dibujos en campos de trigo, “shows” de luces en el cielo y trucos así.
A ver… Imagínense que pudiéramos viajar al pasado (a la época de la Antigua Grecia, por ejemplo), y llevar con nosotros todo el arsenal de tecnología que quisiéramos; computadoras, electrodomésticos, medios de transporte, máquinas de obtención de energía eléctrica, etcétera. E imagínense que realmente quisiéramos darnos a conocer a los antiguos griegos, llamarles la atención y comunicarles algo. A mí, lo primero que se me ocurriría sería poner altavoces y pantallas gigantes por todos lados y transmitirles todos los mensajes que quisiera. O descender simultáneamente con montones de compañeros misioneros, y presentarnos tanto ante los reyes como ante los mendigos (total, si se nos mostraran agresivos, nosotros tendríamos armas muchísimo más avanzadas y poderosas).
Pero supongamos que, en lugar de esto, yo tomara unas herramientas modernas, esculpiera los mensajes en algunas piedras y me fuera. Me consideraría a mí mismo un tremendo estúpido, ineficiente e inútil; porque obviamente cualquier griego inteligente que encontrara esas piedras pensaría que fueron trucadas por otro griego con ganas de molestar, siendo que lo que a mí me interesa, supuestamente, es no dejarles lugar a dudas de mi existencia, y cuento con medios más que suficientes.
Bien. Ese es justamente el caso de los campos de trigo, los “shows” de luces en el cielo, y los mensajes y religiones supuestamente revelados por extraterrestres. Si yo fuera parte de esos supuestos extraterrestres, y quisiera dejar alguna evidencia visible, me las ingeniaría un poco mejor con toda esa tremenda tecnología. Supongo que podría crear una escultura gigante flotando encima de alguna ciudad, o poner cadenas montañosas donde no las había, o hacer fértil el desierto del Sahara, o como mínimo, mínimo, mínimo, meter mano en las señales de radio y televisión y enviar un mensaje global a través de las redes de comunicación. Y todo esto descartando de antemano, por supuesto, que primero irrumpiría magistralmente en la ONU a la vista de todos, y regresaría periódicamente.
Pero no. Nada. Sólo dibujos en el suelo, piletas vacías, ganado mutilado, objetos borrosos, fotos extrañas, etcétera. Nada que no pueda ser explicado sin recurrir necesariamente a la hipótesis de extraterrestres.

De hecho, siempre que se ha verificado si algún caso OVNI era auténtico o no, ha resultado sistemáticamente no serlo, de todos los jamás analizados de manera científica y abierta. Naturalmente, siempre queda un pequeño porcentaje de casos que no se puede refutar (ni mucho menos, verificar) , por ausencia de pruebas a favor o en contra. Y también, desde ya, abundan personas que se ganan la vida divulgando relatos maravillosos, sin aportar ninguna prueba objetiva.
Estos dos grupos de casos (los que los científicos no pueden ni verificar ni refutar, y los que son relatados sin ni siquiera intención de demostrar nada) son el único sostén de los defensores de estas creencias. Esto es todo lo que tienen.
Y por regla general, debido a la obvia pobreza de argumentos, recurren a la excusa de que hay numerosísimas pruebas científicas, pero que no se conocen públicamente porque hay conspiraciones gubernamentales para ocultarlas. Naturalmente esto es posible (aunque totalmente improbable), pero con ese criterio, yo también puedo demostrar cualquier cosa. Puedo decir que Papá Noel existe, y que hay millones de pruebas, pero que no son de público conocimiento porque hay conspiraciones que las ocultan. Muy bonito.


P.D.: Artículo recomendado de otro blog: OVNIs, milagros y escepticismo.
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